La Pontificia Universidad Católica de Chile y la violación de los Derechos Humanos
A través de estos cincuenta años estudiantes, ex administrativos y académicos exonerados han impulsado diversas iniciativas para establecer la verdad de lo ocurrido al interior de la PUC exigiendo a sus autoridades asumir sus responsabilidades.
COLECTIVO MEMORIA PUC
https://www.instagram.com/memoria.uc/?hl=es-la
Cada 11 de septiembre la FEUC y los centros de alumnos se han movilizado para exigir a las autoridades de la PUC honrar a los detenidos desaparecidos y torturados.
http://www.archivochile.cl/Mov_sociales/mov_estudian/MSmovestud0003.pdf
Así, de acuerdo a un reportaje del Desconcierto, se señalaba:
“Son casi 30 los estudiantes de la Universidad Católica asesinados y detenidos desaparecidos durante la dictadura militar. Cada año distintos actores de la comunidad UC, como el Colectivo Memoria PUC, realizan una serie de actividades de memoria dentro de la casa de estudios.
Más allá del hecho de que nunca se ha pedido un perdón institucional a estas familias, se han realizado actos de reconocimiento: en 2010 el Colectivo Memoria PUC lanzó el libro «Una luz sobre la sombra» -que trataba los casos de las víctimas-, acto al que el rector había comprometido asistencia pero finalmente no pudo asistir, hecho por el que pidió disculpas; en 2012 se inauguró una placa conmemorativa a las víctimas en el frontis de la Federación, nuevamente el rector no pudo asistir; en 2013 se entregaron títulos póstumos de forma simbólica a las familias de 3 de los DD.DD. y asesinados en dictadura, además de reconocimientos de avances y diplomas a otras 25 víctimas. Este último evento tuvo la presencia de toda la plana directiva superior de la UC y el propio Sánchez entregó los documentos.
Es por todo esto que cada mes de septiembre se vuelve a cuestionar el rol de la UC en dictadura, y este año no fue la excepción.
El debate entre la FEUC 2016 y el rector Sánchez
Desde hace una semana ha habido un debate interno entre la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica y el rector de esa casa de estudios, Ignacio Sánchez. Todo partió cuando el 8 de septiembre la FEUC sacó una columna titulada “El silencio de la UC, otra vez”.
En ella, los estudiantes enumeraron tres episodios relativos a la dictadura militar y la UC que han marcado el año: La revisión de la causa del director de la escuela de arquitectura de la UC, Leopoldo Benítez, asesinado en 1973; la detención del ex comandante en Jefe del Ejército, Juan Emilio Cheyre -quien hasta ese hecho se desempeñaba como Director del Centro de Relaciones Internacionales de la UC y profesor asociado de la Facultad de Derecho-, en el marco del caso Caravana de la Muerte; y la ratificación de sentencia de parte de la Corte Suprema a seis agentes de la DINA por el asesinato del ex profesor de la Facultad de Letras, Jaime Ossa Galdames.
La columna, que también contó con el apoyo de otros representantes estudiantiles, cerraba con un emplazamiento a las autoridades de la UC: «Es impresentable que mientras la justicia y la verdad avanzan, a pasos cortos, pero avanza, nuestra universidad se mantenga impasible. Nos debería indignar que en plena semana de la memoria la universidad se mantenga impávida y no se haga parte activa de tan necesario proceso, encontrándose con su comunidad en tan necesaria reflexión. Deja mucho que desear, cuando frente al ímpetu de la comunidad por reflexionar, que la universidad ponga trabas burocráticas y retire las intervenciones en vez de hacerse parte y buscar soluciones a través del diálogo».
La respuesta del rector no se hizo esperar. «Si bien en varias oportunidades ustedes han actuado de manera incorrecta, con declaraciones injustas hacia mi persona y la Dirección Superior, que no estaban acordes con la verdad y que omitían los hechos pasados en nuestra universidad, personalmente siempre pensé que era falta de experiencia y madurez y no mala intención», dijo a través de un correo al día siguiente, y luego agregó: «Sin embargo, creo que esta declaración superó los limites que se pueden tolerar en cuanto a falsedad y distorsión de la realidad, por lo que voy a enviar una nota pública a través de los medios de la UC para dejar en evidencia la falta a la verdad en que ustedes han incurrido con esta declaración».
Ese mismo día los representantes de la Federación aseguraron que les parecía «innecesaria y poco prudente» la forma en que el rector se había referido a ellos y que la política UC en torno a este tema no podía «reducirse a una serie de hitos y conmemoraciones, más allá de lo valorables que sean». Además agregaron: «No hemos planteado ninguna falsedad, de hecho, conocemos y reconocemos lo que ha hecho su gestión en temas de memoria. Sin embargo, creemos que las acciones de nuestra universidad han sido insuficientes para abarcar la inmensa tarea que implica la reparación y el reconocimiento frente a nuestra historia».
El día 10 el rector Ignacio Sánchez hizo llegar un mail amplio a los representantes estudiantiles, pero que en sus palabras se dirigió específicamente al presidente de la FEUC, Daniel Gedda. En el correo, Sánchez anunciaba que el lunes entregaría antecedentes que probarían la falsedad de las palabras de la Federación y además hizo alusión al problema de dinero que tuvieron durante este año: «Debido a que la declaración fue recientemente expuesta en la página web de la Feuc, he decidido difundir ampliamente mi respuesta, de similar forma que lo hice al puntualizar hace un mes mi posición sobre las irregularidades en el manejo del presupuesto de la Federación, lo que fue un proceso difícil de avanzar».
El lunes llegaron los antecedentes desde rectoría, que incluían una notas de prensa y documentos de la entrega de títulos póstumos en 2013, la ceremonia de reconocimiento a alrededor de 95 profesores exonerados en 2015, las cartas de invitación a las familias de Leopoldo Benítez y Jaime Ossa a ese evento y la declaración UC sobre la detención de Juan Emilio Cheyre.
Esta última declaración, del día de detención de Cheyre, decía que el ex comandante en jefe del Ejército había presentado ya su renuncia y que esta decisión había sido aceptada por la UC. Además agregaba: «El profesor Juan Emilio Cheyre Espinosa ingresó el año 2006 a la Pontificia Universidad Católica de Chile y asumió como director del Centro de Estudios Internacionales, cargo desde el cual ha desarrollado un significativo aporte en docencia, investigación y extensión (…) La Universidad Católica tiene un permanente compromiso con los Derechos Humanos, junto con respetar el funcionamiento de las instituciones y la autonomía de las instancias judiciales de nuestro país».
El correo en que Sánchez entregó estos antecedentes además incluía una declaración titulada «La falta de rigurosidad y a la verdad de la Feuc 2016, otra vez». En ella se agregaba que las interrupciones de las actividades de memoria se habían dado a la «falta de planificación» y que la Federación no le había presentado ningún proyecto de conmemoración a las víctimas.
La respuesta final de la Feuc, publicada el día de ayer en su página web, era tajante en decir: «Cuando empezamos este intercambio de correos nos sorprendió mucho la noción de hacer memoria que posee Rectoría en esta institución, ya que la simple enumeración de actos (importantes) se ve como la respuesta inmediata al hacerse cargo de este tema como Universidad. (…) la memoria es un ejercicio de re construcción crítica de nuestra realidad, haciéndonos cargo de aquellas perspectivas históricas que salieron perjudicadas en los períodos que se quieren estudiar, en este caso el período de la Dictadura Militar en nuestro país».
La Feuc además agrega: «La última polémica nos abre una potente e interesante pregunta para esta institución, cuál fue el Rol de la UC en la dictadura y cuáles son las tareas que esta debe realizar para ser una Universidad a la altura de lo que demanda el ejercicio de la memoria activa en nuestro país». Ante esto, propuso que se impulsara la creación de una Comisión Triestamental Permanente de DDHH, el compromiso institucional de realizar un seguimiento mediático de los casos en la justicia de miembros de la comunidad que hayan visto vulnerados sus DDHH en la época y la construcción de memoriales por campus a las víctimas.
Finalmente, refutó la acusación del rector de que no se hubieran presentado proyectos de conmemoración, adjuntando el proyecto «Memorial Víctimas UC» en el que se especificaban las características de un monolito de memoria a las víctimas.”
(“El duro intercambio de palabras entre la FEUC y el rector Sánchez sobre memoria en la PUC”. 14.09.2016.
https://www.eldesconcierto.cl/nacional/2016/09/14/el-duro-intercambio-de-palabras-entre-la-feuc-y-el-rector-sanchez-sobre-memoria-en-la-puc.html).
LA VERSIÓN DE LA PUC A 50 AÑOS DEL GOLPE
En el número especial a los 50 años del golpe militar la Revista Universitaria de la PUC (“Una historia inconclusa”, Especial Nº 174, septiembre de 2023) incluyó un amplio artículo sobre “La universidad intervenida”.
A continuación una selección de los principales párrafos que sintetizan parte de los hechos ocurridos en ese ámbito universitario:
“Los efectos del Golpe de Estado se hicieron sentir en la Universidad Católica, institución que hasta ese momento se había caracterizado por su autonomía. La intervención duraría años e implicaría situaciones dolorosas, como la desaparición de estudiantes y profesores, así como la exoneración de un importante contingente del cuerpo docente.
[...]
Los acontecimientos tras el Golpe de Estado avanzarían con celeridad. A los días, el general Augusto Pinochet informó que los rectores de todas las universidades chilenas serían prontamente reemplazados. Fernando Castillo dimitió ante el Gran Canciller, el cardenal Raúl Silva Henríquez. Este último solicitó a continuación una audiencia con el ministro de Educación, el contralmirante Hugo Castro, ocasión en la que le hizo ver el estatus pontificio de la universidad, los estatutos de la institución que habían sido aprobados por el Vaticano, y buscó generar un acuerdo en la nominación del rector. “El ministro escuchó la proposición, pero expresó de inmediato su rotunda negativa: el nuevo rector sería nombrado por el gobierno, sin más trámite”, recordó el cardenal en sus memorias. “Le dijimos que esto sería muy delicado, que la UC quedaría en una situación única en América; pero el hombre no estaba para explicaciones”, agregó el arzobispo de Santiago en esa época.
LA “DEPURACIÓN” INTERNA
El 3 de octubre, el cardenal Silva Henríquez ratificó por decreto el nombramiento del almirante en retiro Jorge Swett Madge como rector delegado de la UC, de acuerdo a la normativa de la Sagrada Congregación para la Educación. A diferencia de los rectores de otras universidades, fue el único designado con un decreto de gobierno que respetaba las atribuciones del derecho canónico. La decisión fue cavilada por el arzobispo, pues había quienes pensaban que debía oponerse. “Si rechazaba el nombramiento, situaría a la Iglesia en una posición de ruptura. Por otro lado, me parecía que lo esencial era mantener la catolicidad de la universidad, lo que estaba garantizado, al menos, por el Gran Canciller y la vigencia de las normas pontificias”, argumentó el prelado, agregando que estaba convencido de que la situación “sería transitoria y que la UC recobraría pronto su autonomía”. Entre las primeras medidas adoptadas por Swett estuvo la de declarar en receso el Consejo Superior de la universidad, creado durante la reforma universitaria. En lugar de este se creó un consejo asesor de la Rectoría, en el que participaban autoridades como el prorrector, vicerrectores, decanos de facultades y áreas, el presidente de la FEUC, y el representante de administrativos y miembros de la comunidad universitaria designados por el propio rector. Con la excepción del vicerrector económico, Jorge Awad, quien permaneció a petición del cardenal, el resto de los vicerrectores de la época de Castillo Velasco renunciaron, a pesar de que Swett manifestó la posibilidad de que permanecieran.
En lo que se denominó como la “depuración interna” de la institución, el rector delegado de la junta militar decidió cerrar entidades creadas durante el proceso de reforma universitaria, como el Centro de Estudios de la Realidad Nacional (CEREN) y el Centro de Estudios Agrarios. Según las cuentas de la Rectoría de la época, Swett consideraba que “solo hacían proselitismo político, bajo el signo del marxismo-leninismo, lo que constituía una traición para la universidad y el país”. También se dio término al Programa de Estudios y Capacitación Laboral (PRESCLA) y se realizó la reorganización del Centro Interdisciplinario de Desarrollo Urbano, de la Escuela de Trabajo Social y la Escuela de Arquitectura, y se suprimió el Departamento de Historia Económica y Social. Además, se procedió al despido de docentes de diversas unidades académicas, con especial énfasis en el ámbito de las ciencias sociales. En casos como el del Instituto de Sociología, el rector Swett evaluaba caso a caso la permanencia de ciertos profesores y, a partir de 1974, se decidió prohibir el ingreso de nuevos estudiantes.
LA DIVISIÓN CRECE
[...]
Tras una primera oleada de despidos posteriores al Golpe, hubo otras formas indirectas para generar desvinculaciones. “Hubo personas a las que no se les dice que se les despide por su militancia, sino que por una disminución de la planta docente o por necesidades de presupuesto”, cuenta Andrea Otero, doctora en Historia por la Universidad de París 1 Panthéon-Sorbonne y la UC, y también autora de la investigación de tesis “Reforma, intervención y metamorfosis de un sistema universitario. El caso de la Universidad Católica de Chile (1967-1981)”.
Por su parte, Ana María Arón, profesora emérita de la Escuela de Psicología y quien sufrió la desaparición de su hermana Diana (periodista de la UC y militante del Movimiento de Izquierda Revolucionaria), cuenta que uno de los principales problemas de la época fue que se instauró el miedo, la pérdida de confianzas y la sensación de estar en una universidad vigilada. “En el campus Oriente había un lugar al que le llamábamos ‘el patio de los callados’, porque era el único donde podías estar seguro de que nadie te estaba escuchando y no había micrófonos”, dice. La profesora explica que en aquellos años se decretó eliminar las pruebas especiales de ingreso a la carrera de Psicología, motivo por el cual empezaron a recibir estudiantes de los cuales sospechaban que actuaban como informantes de los servicios de inteligencia de la época.
[...]
Para mantener la presencia de la Iglesia en la dirección de la casa de estudios, el cardenal, junto al nuncio y la Conferencia Episcopal, decidieron crear la figura de un Pro Gran Canciller, que fue ocupado por el sacerdote Jorge Medina, exdecano de la Facultad de Teología.
LOS SERVICIOS DE INTELIGENCIA SE HACEN PRESENTES
En los primeros días de noviembre de 1975 se presentaron en la Rectoría dos personas que se identificaron como funcionarios de la Dina y que requerían información sobre Alejandro Ávalos, militante del Partido Comunista y quien tras estudiar Pedagogía en Inglés en la UC se desempeñaba como profesor ayudante en el Programa Interdisciplinario de Investigaciones en Educación en la misma casa de estudios. Según consta en las declaraciones judiciales recogidas por la Vicaría de la Solidaridad, el rector Jorge Swett llamó a su jefe de gabinete, Carlos Bombal, para que les diera la información que requerían. Bombal se dispuso a llamar al director académico de la unidad donde trabajaba Ávalos, pero fue interrumpido por los integrantes de la Dina, quienes le solicitaron evitar el contacto telefónico, “ya que la orden que tenían era la de detener al señor Ávalos sin testigos”. En la declaración, Bombal afirma haberle dicho a Swett de las intenciones de los funcionarios del servicio de seguridad. El 20 de noviembre entre las 17:00 y 18:00 horas, Alejandro Ávalos fue detenido en el trayecto entre su lugar de trabajo y la casa de su madre en Providencia. Hasta hoy figura en el listado de detenidos desaparecidos.
Carlos Bombal, entrevistado en 1997 por la periodista Mónica González en la revista Cosas, sostuvo que apenas se fueron los agentes advirtió a otras autoridades de la universidad que le parecía extraño que quisieran detener al profesor Ávalos sin testigos y que esto motivó a que se diera aviso a la unidad académica a la que él pertenecía. “Jamás tuve ningún vínculo con la Dina”, afirmó Bombal.
Años más tarde, cuando Patricio Gross trabajaba como académico de la Facultad de Arquitectura, decidió reunirse con el Pro Gran Canciller, Jorge Medina, para hacerle ver su preocupación por lo que estaba pasando en el país y que afectaba a la universidad –hacía poco se había producido la desaparición del profesor de Letras Jaime Ossa–. Cuenta que el sacerdote lo escuchó atentamente y después le dijo: “En estos tiempos que estamos viviendo hay que submarinearse”.
Posteriormente, a meses de la conmemoración de los cincuenta años del golpe militar el rector Sánchez sistematizaba las acciones que en materia de memoria y reparación había realizado la PUC:
“El Diario Enfoque
Camila Rojas y Ronit Yapur
El pasado 11 de abril, la Pontificia Universidad Católica de Chile inauguró, a propósito de la conmemoración de los 60 años de la Carta Encíclica Pacem In Terris, un espacio de encuentro y reflexión llamado “Plaza por la Paz” en campus San Joaquín, que contiene la inscripción de nombres de grandes “actores por la paz” a nivel mundial, incluyendo a John Lennon, Isaac Newton, Ronald Reagan, y en una placa aparte, los nombres de las y los 31 detenidos desaparecidos y ejecutados políticos de la UC durante la dictadura cívico-militar en nuestro país. En una entrevista exclusiva con El Diario Enfoque, el rector Ignacio Sánchez nos revela los detalles del proceso de construcción de la Plazoleta, la relación con los familiares de ex detenidos desaparecidos y ejecutados, y el papel del Centro UC para el Diálogo por la Paz en la promoción de la cultura de paz y el análisis de los conflictos sociales.
— Sobre la Plaza de la Paz: ¿Cuál fue el proceso de realización? ¿A quiénes se les consultó para construirla? ¿Cuál fue la motivación para crearla?
— Este proceso de construcción de la Plaza de la Paz tiene aproximada- mente un año y medio. Comenzamos en el interior del Comité Directivo a recoger las inquietudes de muchos miembros de la comunidad que manifestaban que era importante tener un lugar donde se conmemorara a las víctimas de la dictadura pertenecientes a la Universidad. En varias partes de la Universidad se han puesto placas y se han hecho homenajes, el 2013 se entregaron títulos póstumos y el año 2015 se hizo entrega a los profesores exonerados de una medalla y de un diploma en reconocimiento a la labor desarrollada en la universidad. Se habían realizado diferentes actos al interior de la comunidad, pero nos parecía - y eso es lo que recogimos de muchos miembros de la comunidad, también de los colectivos de memoriaque era importante hacer un reconocimiento central que representara a toda la Universidad. Es una idea que teníamos desde hace varios años y consideramos que, a 50 años del golpe de Estado, junto con los 60 años de Pacem in Terris como documento clave en el llamado a la paz, era un momento muy importante. Con ese objetivo, se invitó a trabajar en una propuesta a Claudio di Girólamo, un artista muy consolidado en Chile, con una trayectoria de más de 70 años, con un aporte muy importante al arte religioso presente en distintas capillas y lugares de culto de nuestro país, y quien, junto a su señora, cumplió un rol relevante en tiempos de la dictadura en la Vicaría de la Solidaridad.
En la conversación con Claudio surgió entonces esta conjunción de honrar los 60 años de Pacem in Terris con el reconocimiento a las víctimas, y se definió la inclusión de las 60 frases sobre la paz y los nombres de los 31 miembros de la comunidad UC ejecutados y detenidos desaparecidos en la época de dictadura. Se realizó para ello un trabajo de recopilación de información- un catastro en donde también participó el grupo de Memoria UC. Quisiera agradecer muy especialmente a Luis Aguilar quién estuvo siempre atento a entregar la información, a chequear la información que nosotros entregábamos y a aportarnos con datos y con conexiones para que todos los miem- bros de la universidad se sintieran incorporados, invitados, y comprometidos con lo que íbamos a hacer en este homenaje que se realizó hace ya un par de semanas.
— ¿Cómo fue la relación de la UC con la familia de ex detenidos desaparecidos en la construcción de la Plazoleta?
— La relación con los familiares de los detenidos desaparecidos y ejecutados fue muy fructífera, muy directa. Desde finales de enero y principios de marzo estuvimos enviando información —las invitaciones y mails— y nos reunimos en un par de oportunidades con un grupo de familiares para conocer la mirada y visión que tenían ellos de esta actividad. Les pedimos apoyo también para que nos ayudaran a compartir esta mirada con los demás familiares e insistimos, con el apoyo de Luis Aguilar, en que todos recibieran la información.
Hubo un par de personas que nos informaron que participarían desde el ex- tranjero porque no estaban en Chile, y sólo muy pocos, 2 o 3 prefirieron restarse de la actividad. En este trabajo quisiera destacar el apoyo que tuvimos de Juan José Ulriksen, muy cercano a muchas de las víctimas y de los familiares. Para mí, en lo particular como rector, la presencia de los familiares de las víctimas era lo más importante, puesto que ellos son los que han vivido este drama de búsqueda de sus seres queridos durante estos 50 años. Es evidente que los colectivos de memoria de la Universidad han apoyado a las familias y era muy importante entrar en contacto con ellos. Por eso, tanto con la Directiva de la Federación como con Luis Aguilar y su equipo, tratamos de incorporarlos y que se sintieran invitados. Sin embargo, el foco estuvo muy directamente en los familiares de las víc- timas para que su fuera lo central de esta actividad y de esta inauguración de la Plaza.
— ¿Qué buscan con la construcción del Centro UC para el Dialogo y la Paz? ¿Cuáles son sus motivaciones?
— El Centro para el Diálogo y la Paz busca promover la conversación sobre la paz, crear una verdadera cultura de paz dentro de la comunidad universitaria, analizar la fuente de los conflictos que nos aquejan tanto a nivel nacional como internacional. Los conflictos políticos, raciales, el conflicto de la Araucanía, la situación de la migración ilegal, todos esos son aspectos que son muy importantes de evaluar y analizar al momento de crear un centro de este tipo. Queremos potenciar el diálogo, el respeto, la libertad de expresión de todas las personas, buscar puntos de encuentro y a través de ello hacer docencia, educar a nuestros estudiantes, hacer investigaciones en temas de paz y diálogo, conectarnos con centros del extranjero para poder trabajar en red, tener una presencia pública a nivel nacional sobre esta temática que es muy relevante.
Creemos que un centro de este tipo, interdisciplinario, con la presencia de profesores y profesoras de todas las facultades, permitirá que nuestros estudiantes se formen en una cultura de diálogo, de paz, de respeto y eso es extraordinariamente importante. Este año en que se conmemoran los 50 años del golpe de Estado, hemos estado liderando seminarios y conversatorios partir de lo que nos ha ocurrido, analizando sus causas y efectos, buscando los signos de diálogo, reparación y avance en la tragedia que ha vivido nuestro país y que fracturó la democracia. Es un período que produjo mucho dolor y creemos que, a través de la memoria, del análisis de lo ocurrido, podemos evitar que este tipo de hechos vuelvan a ocurrir en nuestro país. Para ello la formación de las nuevas generaciones es extraordinariamente importante.
— En relación a Memoria y Derechos Humanos, ¿cuál es la postura de la universalidad frente a la conmemoración de los 50 años del golpe? ¿Qué planean hacer durante este año por la memoria?
— La postura de la Universidad frente a la conmemoración de los 50 años del Golpe es clara. Desde el Centro para la Paz y el Diálogo, hemos realizado un seminario sobre la Encíclica Pacem in Terris, inauguramos la Plaza de la Paz, y la Facultad de Letras realizó un seminario sobre la conmemoración de los 50 años del golpe de Estado con la presencia de profesores y profesoras de distintas universidades, que nos han aportado en la reflexión sobre, reitero, las causas, los efectos, la formas de evaluar la fractura democrática y la mirada hacia futuro para evitar la repetición de hechos tan inaceptables como los que hemos vivido en la época de la dictadura. Quiero destacar la presencia de estudiantes escolares en estas actividades; creemos que, por supuesto, el diálogo al interior de la comunidad académica y universitaria es fundamental con la presencia de todos los estamentos y fundamentalmente los estudiantes, pero también creemos que es importante la participación de estudiantes de establecimientos educacionales secundarios para que se enfrenten al análisis y a la discusión de estas temáticas. Quiero felicitar al Profesor Bernedo por la organización del seminario sobre Pacem in Terris y por la visión que ha tenido de hacer una invitación muy abierta y muy inclusiva.
De aquí a septiembre tendremos un ciclo de 5 seminarios sobre el Golpe de Estado a los que se invitará a dirigentes estudiantiles, personas que tuvieron un compromiso muy importante hace 50 años, líderes de opinión, profesores universitarios, y también líderes sociales. Queremos que este ciclo tenga una participación muy amplia y diversa y sea un referente a nivel nacional sobre cómo enfrentar estas problemáticas. Quisiera destacar, por último, que nuestra Universidad ha tenido un liderazgo indiscutido en la organización de estas actividades. https://issuu.com/consejeria_superioruc/docs/junio_23-5/s/27152395
Indice
- Presentación
- La conmemoración del quincuagésimo aniversario del golpe militar
- Exonerados Políticos
- La Pontificia Universidad Católica de Chile y la violación de los Derechos Humanos
- Académicos expulsados de la Pontificia Universidad Católica de Chile
- El rector Juan De Dios Vial Correa lamentando el daño moral a los exonerados
- Homenaje del rector Ignacio Sánchez Díaz a los profesores exonerados
- Apuesta mutua y disidencias
- Nobleza rectorial
- Honor institucional